El learner persona
Descripción de la publicaciónAntes de abrir Canva y empezar a diseñar materiales para tus clases de ELE, hay algo más importante que elegir colores, tipografías o imágenes: conocer a tus estudiantes. En este post te cuento qué es una Learner Persona, cómo puedes crearla a partir de la información que ya tienes y por qué entender las necesidades de tus alumnos es el primer paso para diseñar materiales didácticos que sean tan atractivos como útiles.
Miriam Sibrian
10/27/20266 min leer
Antes de abrir Canva, necesitas conocer a tus estudiantes
Seamos sinceros: ¿cuántas veces has abierto Canva con una idea en la cabeza y has terminado una hora después eligiendo tipografías, cambiando colores y buscando esa imagen que hace que todo encaje?
A mí también me encanta la parte visual de crear materiales. Hay algo muy satisfactorio en ver cómo una idea empieza a tomar forma. Pero, cuando diseñamos materiales para nuestras clases de español, hay una pregunta que deberíamos hacernos antes de elegir la primera plantilla:
¿Estoy diseñando algo que mis estudiantes necesitan o algo que a mí me parece bonito?
Porque sí, podemos crear materiales visualmente increíbles que, en la práctica, no conecten con los estudiantes que van a utilizarlos.
Y si hay algo que he aprendido diseñando materiales ELE es que la creatividad funciona mucho mejor cuando tiene una dirección.
El pequeño cambio que puede transformar tu forma de diseñar
Cuando empezamos a crear nuestros propios materiales, es tentador pensar primero en la actividad, la temática o el diseño. Imaginamos una presentación preciosa, una ficha llena de color o una unidad didáctica con una historia que conecte todas las sesiones.
Pero ¿qué pasaría si empezáramos por otro lugar?
En vez de preguntarte qué actividad quieres crear, pregúntate quién la va a utilizar.
¿Qué necesita aprender esa persona? ¿Para qué quiere hablar español? ¿Qué le cuesta? ¿Qué le interesa? ¿Cuánto tiempo tiene para estudiar?
Estas preguntas pueden parecer menos emocionantes que abrir Canva, pero son las que te ayudan a pasar de crear materiales bonitos a diseñar experiencias de aprendizaje con sentido.
Y aquí entra una herramienta que me encanta para organizar todas esas ideas: el Learner Persona.
¿Qué es un Learner Persona y por qué debería importarte?
Piensa en el estudiante al que siempre tienes en mente cuando preparas tus clases. Quizás es alguien que necesita español para trabajar, una persona que quiere viajar por Latinoamérica o un adulto que lleva años estudiando el idioma, pero todavía no se siente cómodo al conversar.
Ahora imagina que puedes convertir toda esa información en un perfil que te ayude a tomar decisiones mientras diseñas.
Eso es, en esencia, un Learner Persona: un perfil ficticio construido a partir de información real sobre tus estudiantes.
No se trata de inventarte una persona con una historia interesante ni de asumir que todos tus alumnos aprenden de la misma manera. Se trata de identificar necesidades, motivaciones y características compartidas que te ayuden a comprender mejor a tu público.
Esta herramienta se utiliza en el diseño de productos y servicios, pero también puede ser muy útil para quienes creamos materiales educativos.
¿Por qué? Porque cada vez que tengas que tomar una decisión, podrás volver a ese perfil y preguntarte: ¿esto tiene sentido para mi estudiante?
Desde la temática de una actividad hasta la cantidad de instrucciones que incluyes en una página, todo puede tener un propósito.
Tu ficha de Learner Persona, sin complicaciones
No necesitas una plantilla de veinte páginas ni pasar toda una tarde completando casillas. Para empezar, puedes organizar la información en tres bloques.
1. ¿Quién es tu estudiante?
Empieza por el contexto.
Edad y ocupación.
Lenguas que habla.
Nivel de español.
Situación personal o profesional en la que utiliza el idioma.
Razones por las que está aprendiendo.
Imagina que diseñas para una persona que necesita comunicarse con sus compañeros de trabajo en español. Sus necesidades probablemente serán diferentes de las de alguien que quiere viajar por Centroamérica y conversar con las personas que conoce durante el viaje. No necesitas crear materiales completamente distintos para cada estudiante, pero sí comprender qué situaciones son relevantes para ellos.
2. ¿Qué quiere conseguir y qué se lo impide?
Aquí es donde empiezas a descubrir oportunidades para diseñar actividades que realmente conecten.
Pregúntate:
¿Qué quiere ser capaz de hacer en español?
¿Qué le resulta difícil o frustrante?
¿Qué le motiva a seguir aprendiendo?
¿Qué experiencias previas tiene con el idioma?
¿Qué podría hacer que pierda la motivación?
Una recomendación: no te quedes solo con lo que el estudiante necesita aprender. Intenta entender también cómo se siente durante el proceso.
Por ejemplo, una persona puede conocer bastante gramática y, aun así, sentir ansiedad cuando tiene que hablar. Si solo piensas en los contenidos que necesita repasar, quizá termines creando más ejercicios gramaticales cuando lo que necesita es practicar en un entorno seguro y con situaciones significativas.
Conocer esa diferencia puede cambiar por completo tu propuesta.
3. ¿Qué necesita para aprender?
Ahora convierte toda esa información en decisiones prácticas.
Piensa en su disponibilidad, su experiencia con la tecnología, las posibles barreras de acceso y el tipo de acompañamiento que necesita.
¿Tiene quince minutos al día o puede dedicar una hora a estudiar? ¿Utilizará el material desde una computadora o desde el celular? ¿Necesita instrucciones paso a paso? ¿Hay algún aspecto de la presentación que pueda dificultar la lectura?
No des por hecho las respuestas. Observa, pregunta y contrasta.
Y, si puedes, incluye una frase real que represente una dificultad frecuente. Algo como: «Entiendo cuando me hablan, pero cuando me toca responder, me quedo en blanco».
Esa frase te recuerda que detrás de cada actividad hay una persona con necesidades concretas. Y te ayuda a diseñar pensando en ella, no en una idea abstracta de lo que debería ser un estudiante.
¿Y si no tienes tiempo para investigar durante semanas?
Te entiendo. Como profesoras, ya tenemos clases que preparar, correcciones, reuniones y mil ideas que queremos poner en práctica. Lo último que necesitamos es convertir cada material en un proyecto de investigación interminable.
La buena noticia es que puedes empezar con algo pequeño. Revisa tus notas de clase. Recuerda las preguntas que más se repiten. Observa qué actividades funcionan y cuáles generan confusión. Haz una encuesta breve o conversa con tus estudiantes sobre sus objetivos.
Si estás diseñando para un grupo nuevo, busca información sobre ese perfil de aprendientes y utiliza tus primeras observaciones para ajustar el perfil con el tiempo.
Lo importante es distinguir entre lo que sabes, lo que has observado y lo que simplemente supones.
Tu intuición como docente sigue siendo valiosa. Solo estás dándole mejores herramientas para tomar decisiones.
Cómo llevé esta idea a mi proyecto Crucero por Centroamérica
Cuando diseñé Crucero por Centroamérica, mi unidad didáctica de español como lengua extranjera para adultos mayores, tuve que pensar mucho más allá de los contenidos lingüísticos y las imágenes que quería utilizar.
Quería crear una experiencia de aprendizaje que conectara con las personas para las que estaba diseñando.
Por eso, antes de decidir cómo serían las páginas o qué actividades incluiría, me hice tres preguntas:
¿Para quién estoy creando esta unidad?
¿Qué necesidades quiero atender?
¿Cómo puedo conectar los objetivos lingüísticos con un contexto que resulte significativo para mis estudiantes?
Las respuestas fueron dando forma al proyecto. Influyeron en la temática del viaje, la organización de las sesiones, el ritmo de las actividades, la legibilidad de los textos y la selección de imágenes.
También me ayudaron a decidir qué dejar fuera.
Y esto último merece atención: diseñar no consiste en incluir todas las ideas que se te ocurren. A veces, una de las decisiones más importantes es descartar una actividad que te encanta porque no responde a los objetivos de aprendizaje.
Tener claro para quién diseñas no limita tu creatividad. Le da un propósito.
Tu pequeño reto antes de abrir Canva
La próxima vez que quieras crear un material para tus clases, prueba esto:
Paso 1. Escribe tres cosas que sabes sobre tus estudiantes y tres que todavía necesitas averiguar.
Paso 2. Busca la manera de contrastar esas ideas. Puede ser una conversación, una encuesta breve o tus propias observaciones de clase.
Paso 3. Crea una ficha sencilla con su contexto, sus motivaciones y sus necesidades de aprendizaje.
Paso 4. Antes de tomar una decisión de diseño, pregúntate: ¿esto ayuda a mi estudiante a alcanzar su objetivo?
No necesitas tener todas las respuestas desde el primer día. Tu perfil puede evolucionar a medida que conoces mejor a tus estudiantes.
Lo importante es empezar con intención.
Porque, al final, no diseñamos materiales para llenar páginas ni para demostrar lo bien que manejamos Canva. Los diseñamos para ayudar a alguien a aprender.
Y esa es una razón mucho más interesante para empezar un nuevo proyecto, ¿no crees?


